Se nos exige ser buenos, muy buenos, casi impolutos, perfectos si apuramos un poco más: el en terreno familiar, en el profesional, en la amistad y también en el amor. En este últim

Es imprescindible que una pareja sea compatible en valores, estilo de vida, forma de amar y sexualidad

Las expectativas son importantes a la hora de mantener una pareja, ellas construyen nuestra realidad

Se nos exige ser buenos, muy buenos, casi impolutos, perfectos si apuramos un poco más: el en terreno familiar, en el profesional, en la amistad y también en el amor. En este último puede quizá que estemos aún más perdidos, que tengamos expectativas demasiado altas (o no) o que simplemente no hayamos encontrado a una persona compatible con nosotros. Porque fundamentalmente de eso se trata: de compatibilidad. O al menos, ese es uno de los requisitos esenciales para encontrar y/o mantener a tu pareja ideal. 

"La búsqueda de la pareja ideal radica en la compatibilidad. Es imprescindible que una pareja sea compatible en cuatro áreas: valores, estilo de vida (aficiones, trabajo, hábitos, intereses y costumbres), apego (la forma de amar que tiene cada uno) y sexualidad", afirma a EL MUNDO la psicóloga y coach Montserrat Ribot, autora del libro recientemente publicado 'Amor de verdad' (Zenith). 

En el primer caso, y tal como describe en su libro, no es necesario que los dos tengan los mismos valores pero sí al menos unos parecidos, o bien que los valores de cada uno no entren en conflicto. El día a día lleva implícito un gran abanico de aspectos: situación laboral de la pareja, criterios sobre el orden y limpieza en el hogar, proyectos profesionales, si se desea o no tener hijos o el nivel intelectual y cultural, etc. Es clave que haya una compatibilidad, un acuerdo y un entendimiento en todos estos aspectos. Por ejemplo, en el terreno cultural, "es fundamental que haya una admiración mutua", escribe Ribot. O en el económico, "la relación será mucho más fluida si los dos son económicamente dependientes", añade. 

Más allá de nuestros gustos, el estilo o forma de amar influye en la interacción de la pareja. Existen tres clases de apegos: el apego seguro, es decir, el que tienen las personas seguras y felices en su relaciones, que confían en sus parejas y no tienen miedo a ser abandonadas. El segundo tipo es el inseguro-ansioso que corresponde al de quienes tienen miedo a ser abandonados por su parejas, tienen celos y altibajos emocionales y son propensos a la dependencia emocional. Por último, el estilo inseguro-evitativo que es el de aquellos individuos a los que les resulta difícil compartir sentimientos, están incómodos en la proximidad emocional, son independientes y creen que no necesitan a nadie para ser felices.

 

"La mayoría de las personas (55%) estaría dentro del grupo de los seguros, alrededor del 20% dentro de los ansiosos  y un 25% pertenecería al grupo de los evitadores", señala Ribot. No hay una regla perfecta de compatibilidad en este sentido, pero resulta obvio que, por ejemplo, una persona ansiosa con otra insegura raramente sería compatible. "Lo ideal en una pareja es que ambos sean seguros (si también funcionan las partes de valores, estilos de vida y sexualidad) porque sería una relación basada en la confianza y la comunicación", afirma. 

Por último, es importante que exista una química sexual entre ambos. Para ello, entre otros factores, son importantes la atracción, la satisfacción sexual y la comunicación entre los dos. "La compatibilidad sexual puede mejorarse con comunicación", indica Ribot. 

Un estudio realizado por eDarling el año pasado a más de 800 solteros españoles, de 43 años de media, señalaba cuáles eran las cualidades que debería tener su pareja ideal. A la mayoría le gustaría que su pareja compartiera sus problemas y preocupaciones con el otro; que le incluyera en sus planes de futuro; y que hablasen todos los días y se apoyaran en las metas personales.

Todos tenemos expectativas, además "generalmente, suelen tener en común que uno siempre debe ser el eje alrededor del cual gire la pareja: ser el primero y el más importante para el otro y que éste lo demuestre así. De ahí los problemas", afirma la psicóloga Arantxa Coca, autora del libro 'Así eres, así amas' (La esfera de los libros). Por tanto, "la pareja empieza a fraguarse ya en la cabeza, según como uno sea, y eso también marcará el que nos sintamos más atraídos por una personas que por otras", sostiene. 

Sin embargo, y en contra de lo que muchos pueden pensar, tener expectativas es positivo. Mucho. Sobre todo cuando se trata de expectativas que tienen que ver con las cualidades humanas de la persona. "El problema viene cuando las expectativas que tenemos para buscar una pareja tienen que ver con aspectos superficiales como el físico o el dinero", asegura Ribot. "Es importante saber qué es lo que uno quiere y lo que no en una relación, de hecho yo aconsejo a mis clientes que hagan una lista de cosas que les gustaría tener en pareja, pero cosas escritas desde el 'me merezco' y no desde el miedo", aclara. 

No debemos olvidar que existe una presión social/cultural sobre lo que es tener  una pareja ideal. "Ese 'paquete perfecto' (una vida sexual maravillosa, una familia genial etc.) ha hecho que la gente se sienta avergonzada de su relación de pareja "no perfecta" y que se cuestione si realmente vale la pena seguir adelante con su relación", afirma por su parte Salama Marine, psicóloga de eDarling. 

También es importante darse cuenta de que vivimos en una sociedad consumista. Según explica esta experta, esto significa que dejamos de lado todo lo que no responde a nuestras supuestas necesidades. "Por ejemplo, tenemos mucha tendencia a comprar algo nuevo y esta forma de consumir también afecta al amor: tan pronto como nuestra pareja no responde a una de nuestras expectativas tendemos a no dejarlo pasar y dejarlo de lado, ya que pensamos que podemos encontrar inmediatamente y con facilidad a alguien 'mejor'. La influencia de la sociedad afecta en el día adía de nuestras relaciones. No se trata de qué tipo de expectativas sean razonables o no, sino más bien sobre el lugar donde vivimos y experimentamos diariamente nuestras relaciones, en comparación con lo que ocurría 50 o 100 años atrás. Esto es lo que el sociólogo Zygmun Bauman catalogó como 'El amor liquido'", expone Marine.

Este amor líquido del que hablaba Bauman se trata de un concepto de pareja no como algo sólido, sino como más inestable, de relaciones más fugaces, más débiles, pasajeras. "Más aún en la juventud, cuando se vive el amor más en presente que en términos de futuro,  y las complicaciones, además de vivenciarse con más intensidad, se rehuyen más fácilmente, por norma general. Es evidente que antes se tendía a luchar más por las relaciones, y que ahora tenemos claro que podemos conocer a otras personas y no se acaba el mundo. Sin embargo, precisamente por ese miedo al compromiso, no solo familiar o de fidelidad, sino a lo que supone una verdadera implicación con otra persona, cuando creamos ese vínculo con alguien, cuesta mucho romperlo, precisamente por el miedo a tener que pasar por ese proceso con alguien nuevo", explica la sexóloga Silvia Carpallo, autora de 'Decirte adiós con un te quiero'.

Las expectativas, por tanto, forman nuestra propia realidad. Si, por ejemplo, pensamos que ya no quedan hombres ni mujeres buenas en la faz de la tierra, si pensamos que ya no vamos a encontrar a nadie, la actitud que vas a tomar es negativa, por lo que la realidad será también negativa. Por ello, "las expectativas construyen nuestra realidad, o bien cada uno construye la realidad en función de sus expectativas, pero tenerlas es algo positivo", concluye Ribot.

Fuente: El Mundo



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