La cifra de mayores afectados por esta pérdida de masa muscular asociada al envejecimiento pasará de 19,8 millones a 32,3 millones en solo tres décadas

La sarcopenia es la pérdida progresiva de la masa muscular asociada al sedentarismo y, sobre todo, al proceso natural del envejecimiento. De hecho, se estima que todas las personas que han llegado a una edad avanzada han perdido hasta un tercio de la masa muscular que tenían en la juventud. Y como consecuencia de esta pérdida, se produce una disminución de la fuerza muscular, lo que supone una menor capacidad del afectado para afrontar las situaciones de la vida diaria y, en definitiva, mantener una vida autónoma e independiente. Un aspecto muy a tener en cuenta dado que, ya en la actualidad, el 20% de las personas mayores de 65 años de la Unión Europea –esto es, cerca de 20 millones de personas– padecen sarcopenia. Es más; según alerta un nuevo estudio dirigido por investigadores de la Universidad de Lieja (Bélgica), la cifra de mayores afectados en la UE28 crecerá un 63% en solo tres décadas como consecuencia del envejecimiento poblacional.

Como explica Olivier Ethgen, director de esta investigación presentada en el marco del Congreso Mundial de Osteoporosis, Artrosis y Enfermedades Musculoesqueléticas celebrado este fin de semana en Málaga, «con independencia del punto de corte diagnóstico empleado para definir la sarcopenia, se espera que su prevalencia se incremente de una manera muy substancial en los próximos años en la Unión Europa. Por tanto, es esencial que adoptemos estrategias efectivas para su prevención y abordaje».

La sarcopenia es una enfermedad compleja, por lo que aún a día de hoy no se ha alcanzado un consenso global sobre su definición. Así, el Grupo de Trabajo Europeo sobre Sarcopenia en Personas Mayores (EWGSOP) describe la sarcopenia como la presentación de una baja masa muscular acompañada de una baja fuerza muscular o de una velocidad reducida al caminar. Una definición que, dada su vaguedad, no hace sino dificultar el diagnóstico de la enfermedad. De hecho, en la actualidad se aceptan ocho métodos de diagnóstico de la sarcopenia en función de los puntos de corte –mayores o menores– empleados para cada uno de los tres componentes recogidos en la definición –masa muscular, fuerza muscular y velocidad al caminar.

Sea como fuere, los autores utilizaron en su nuevo estudio los ocho métodos de diagnóstico aceptados con el objetivo de establecer la prevalencia, tanto presente como futura, de la sarcopenia en la población mayor de la Europa Comunitaria. Y para ello, emplearon las proyecciones poblacionales elaboradas por la Oficina de Estadística de la Unión Europea (Eurostat) para el período 2016-2045 en el conjunto de la UE28.

Los resultados muestran que, en caso de tomar los puntos de corte más exigentes para cada uno de los tres compontes de la definición de la EWGSOP –esto es, la mayor pérdida de masa muscular, la mayor pérdida de fuerza muscular y la menor velocidad al caminar–, la cifra de mayores comunitarios afectados por sarcopenia se establece a día de hoy en 10.869.527, de los que un 44,2% de los casos corresponden a mujeres.

Y dado el creciente envejecimiento poblacional, ¿qué ocurrirá en el año 2045? Pues que esta prevalencia en la población mayor pasará del actual 11,1% a un 12,9%. Es decir, el número de mayores afectados se elevará hasta los 18.735.173, lo que supone un incremento del 72,4%.

Por su parte, y tomando los puntos de corte más laxos para la definición –es decir, la menor pérdida de masa, la menor pérdida de fuerza muscular y la mayor velocidad al caminar–, el número de mayores con sarcopenia ascendería a 19.740.527, un 66,4% de los cuales serían mujeres. Además, el incremento de esta prevalencia para el año 2045 sería de un 63,8%, lo que daría una cifra final de 32.338.990 mayores afectados. Por tanto, el porcentaje de europeos mayores con sarcopenia, establecido en un 20,2% en la actualidad, crecerá hasta un 22,3% en solo tres décadas.

En definitiva, y dada la magnitud de la enfermedad, debe requerirse, como concluye Olivier Ethgen, «que las autoridades sanitarias tomen medidas para limitar su impacto sobre unos sistemas sanitarios cada vez más exigidos y asegurar que la población europea pueda disfrutar de un envejecimiento activo y saludable».

Fuente: ABC



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