Los viajes espaciales prolongados o las largas estancias en entornos de baja gravedad suponen un gran desafío físico y emocional para los astronautas.

Los astronautas deben seguir un riguroso programa de ejercicios y cuidar su alimentación para mitigar en lo posible los perjudiciales efectos que tiene para el organismo una larga estancia en el espacio. En un supuesto vuelo a Marte, por ejemplo, no solo tendrían que lidiar con los problemas psicológicos derivados del contacto permanente con los otros miembros de la tripulación y la falta de intimidad, sino con un rosario de complicaciones fisiológicas que incluyen desde el debilitamiento del corazón hasta la pérdida de masa ósea.

La exposición a rayos cósmicos aumentaría el riesgo de cataratas y de pérdida de fertilidad, entre otros efectos

Según un estudio de la Administración Federal de la Aviación de EE. UU., incluso convenientemente protegidos tras escudos antirradiación, la exposición a los rayos cósmicos causaría en los viajeros un notable incremento en los riesgos de contraer cataratas, pérdida de fertilidad e incluso de traspasar algunas patologías genéticas a su futura descendencia.

Los actuales trajes espaciales proporcionan soporte vital a los astronautas y están integrados por varias capas de materiales muy resistentes, como el Dacrón, un tejido sintético elástico y muy duradero, o el Kevlar, con el que se fabrican muchos equipos de protección, como los chalecos antibalas. Estos compuestos impiden los desgarros y pueden proteger a su portador de los impactos de micrometeoritos. No obstante, no son una armadura eficaz contra la citada radiación cósmica.

Esto es lo que hace al organismo de un astronauta un periplo espacial de seis meses:

Sufren un proceso de descalcificación que reduce la masa ósea entre un 1% y un 2% al mes.

La exposición a algunas radiaciones, como los rayos cósmicos, puede causar serios daños en el ADN.

Aumenta el ritmo natural de filtrado de sustancias. El calcio perdido por los huesos puede formar cálculos.

Se estira lentamente, lo que puede hacer ganar al astronauta hasta 5 centímetros de altura.

Cuando desaparece la atracción terrestre, se produce una redistribución de los líquidos corporales que hace que la cabeza de los astronautas se hinche y sufran cefaleas.

Se originan distorsiones que afectan a la percepción de la inclinación, la aceleración y el equilibrio.

El ritmo cardiaco decae a causa de la microgravedad. El músculo se hace más grande y se debilita.

La sensación de caída libre causa mareo espacial e incluso vómitos, una circunstancia muy peligrosa si el astronauta está embutido en su traje.

Aunque la motilidad del esperma aumenta en el espacio, las radiaciones pueden afectar negativamente a la fertilidad.

La falta de gravedad produce atrofia en los músculos; las extremidades pierden volumen.

Fuente: Muy Interesante



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