Mucha gente cree que los humanos utilizamos sólo un 10% del cerebro, pero la verdad es que no lo sabemos. A pesar de ser el motor de nuestro sistema nervioso y responsable de la ma

Los centros especiales de investigación ya han recibido 14.000 cerebros

Dono mi cerebro para la ciencia

Mucha gente cree que los humanos utilizamos sólo un 10% del cerebro, pero la verdad es que no lo sabemos. A pesar de ser el motor de nuestro sistema nervioso y responsable de la mayoría de funciones que realiza el cuerpo humano, se trata de un órgano increíblemente complejo y poco conocido. Una carencia que el Reino Unido pretende solventar con los llamados "bancos de cerebros": cada año, cientos de cerebros humanos son donados a una red de centros especiales de investigación y ya son 14.000 en total los que ha recibido la Red de Bancos de Cerebros del Reino Unido.

Los intrincados pliegues y curvas de la superficie de un cerebro ya sin vida pueden revelar mucha información de lo que el órgano experimentó en funcionamiento; revelando así importantes pistas para avanzar en el tratamiento de enfermedades casi desconocidas como, por ejemplo, las demencias: el Banco de Cerebros para la Demencia del Suroeste de Bristol (uno de los 10 que conforman la red de "bancos de cerebros" para investigación médica del país y que -anualmente- distribuye decenas de miles de muestras de tejido para científicos en el Reino Unido y el extranjero) recibe alrededor de 40 donaciones al año para descubrir los secretos que esconde este tipo de trastorno cognitivo.

El director de la red de "bancos de cerebro" en el Reino Unido, Seth Love, se muestra convencido de la crucial importancia de esta clase de iniciativas para el desarrollo científico y asegura que la mayoría de la información que tenemos sobre enfermedades neurológicas derivan del examen de tejido cerebral humano. Según declaraciones del profesor Love a BBC, muchos de los avances realizados en este campo han ocurrido en las últimas dos o tres décadas "gracias a examinar cerebros provenientes de bancos de cerebro": desde el descubrimiento de Arvid Carlsson en 1957 sobre los efectos de la dopamina en relación al Parkinson (el cual le valió un premio Nobel el año 2000); hasta el descubrimiento en 1996 de una nueva enfermedad neuronal por James Ironside. Para los investigadores ingleses, métodos tradicionales como los escáneres se quedan atrás: prefieren el estudio real, el contacto, que un microscopio les revele todas y cada una de las incógnitas del cerebro.

Los primeros bancos de cerebros surgieron en el Reino Unido hacia los años 50, aunque la forma de preservarlos haya evolucionado con el tiempo. A día de hoy, la mitad del cerebro se conserva en productos químicos como la formalina (antes, se conservaba así el órgano entero) para darle rigidez al tejido y poder dividirlo en finas muestras que se examinarán bajo el microscopio; y la otra mitad se corta fresco y se congela a -80ºC para que los investigadores puedan analizar el material genético, proteínas y sustancias neuroquímicas con tal de conseguir mucha más información sobre el desarrollo de las enfermedades.

En general, los "bancos de cerebros" ingleses han celebrado el auge de donantes con enfermedades neurodegenerativas como la demencia -aunque los órganos donados también son útiles para estudiar otros desórdenes neuronales tan diversos como la Esclerosis Múltiple, el autismo o la esquizofrenia-, pero recuerdan que también necesitan cerebros sanos para comparar muestras y sacar conclusiones.

Fuente: El Mundo



Compartir en Facebook Compartir en Google+ Compartir en Twitter Compartir en Pinterest