Existen más razones para perder un vuelo más allá de llegar tarde al embarque, sufrir el tan temido overbooking o una meteorología adversa. Para encontrarlas no tenemos que mirar m

Existen más razones para perder un vuelo más allá de llegar tarde al embarque, sufrir el tan temido overbooking o una meteorología adversa. Para encontrarlas no tenemos que mirar muy lejos: están en nuestra propia condición física o nuestro estado de salud, y no todas las compañías aéreas tienen los mismos requisitos o proponen las mismas soluciones. Si quiere saber qué precauciones ha de tomar y cómo evitar sorpresas de última hora, siga leyendo.

En líneas generales se puede denegar el embarque si se padece alguna patología inestable o mal controlada (ya sea diabetes o cáncer, por ejemplo) y por supuesto en caso de enfermedad grave o si se considera que la salud del pasajero se podría deteriorar durante el vuelo. De hecho, puede que no se acepte a quien padezca una anemia severa, una infección del oído medio o una sinusitis aguda. Si sospechamos que éste pudiera ser nuestro caso, lo ideal es que consultemos con nuestro médico antes de volar, pero si éste no tiene formación en medicina aeroespacial o aeronáutica es posible que no nos dé el mejor consejo de cara a volar a 30.000 pies de altura.

En Lufthansa nos recuerdan que "existen algunas enfermedades que sólo se convertirán en muy peligrosas una vez que el pasajero se encuentre en el avión y éste alcance la altitud de vuelo". Para solventarlo y también porque es probable que en muchos casos nos lo exijan (sobre todo, si padecemos síntomas visibles), lo mejor es rellenar un MEDIF, un formulario médico preparado por la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA, por sus siglas en inglés), modificado por cada aerolínea y a partir del cual se decidirá si se nos permite o no volar.

En otras ocasiones, es posible que el embarque sólo sea una cuestión de tiempo. La propia IATA propone unos plazos estándar para diferentes patologías aunque las compañías pueden fijar unos márgenes más estrictos. A continuación recogemos algunas de esas recomendaciones, teniendo en cuenta que en todos los casos es posible que haya que presentar algún tipo de certificado médico para poder acceder a la aeronave.

En el caso de las embarazadas, los tiempos se miden en semanas de gestación en base a la fecha estimada de parto. Muchas compañías solicitan además un certificado ginecológico emitido habitualmente en los 7 días previos al vuelo y en el que se confirme que no ha habido complicaciones durante el embarazo, la fecha prevista del alumbramiento y que se la considera apta para volar. El objetivo es fundamentalmente evitar que se produzca un parto en pleno vuelo.

Tras el alumbramiento, las directrices varían aún más y, tanto para la madre como muchas veces para el recién nacido, la decisión recae sobre la propia pasajera o los progenitores, respectivamente, asesorados o no por su médico.

Romperse una pierna durante las vacaciones obviamente es un problema, pero si nos disponemos a coger un avión la situación se complica. Más allá del tiempo que hay que esperar, si la escayola cubre la pierna entera o llega a la cintura muy probablemente será necesario reservar hasta tres asientos para poder viajar, uno menos si es posible doblar la rodilla. Salvo que el avión cuente con algún extensor especial (Japan Airlines) o con algún descuento para esos asientos extra (Air Europa), el viaje nos saldrá bastante más caro y sin que por ello podamos transportar más equipaje. Y eso en caso de que se permita volar, Lufthansa lo desaconseja en algunos casos y puede llegar a denegar el embarque por esa circunstancia. El motivo es fundamentalmente evitar los efectos de la presurización de la cabina y que se produzca una hinchazón.

Otro motivo para necesitar un asiento extra es la corpulencia del pasajero en cuestión. En este caso existen más opciones de descuentos: KLM y Air France ofrecen un 25% e incluso el reembolso si el avión no va lleno y Air Europa o Finnair también aplican una reducción de la tarifa por este motivo. Si sólo se ha reservado un asiento y no es posible abrochar el cinturón, no se dispone de asientos libres contiguos ni es posible acomodar al pasajero en otra clase más amplia, se le denegará el embarque por motivos de seguridad. A continuación mostramos las dimensiones mínimas de algunas aerolíneas:

El Reglamento (CE) nº1107/2006 sobre los derechos de las personas con discapacidad o movilidad reducida en el transporte aéreo dictamina que cualquier persona puede viajar sin acompañante si se vale por sí sola. Es decir, sufrir una discapacidad no es motivo suficiente para denegar el embarque por la falta de un asistente, pero los criterios que utiliza cada compañía para dictaminar si esa persona puede viajar sola o no pueden diferir. Air Berlin, por ejemplo, aconseja a todos aquellos pasajeros con una discapacidad visual o motriz grave que viajen acompañados, aunque les ofrece un billete libre de tasas.

La tripulación en ningún caso asistirá al pasajero para ir al baño, comer o administrar su medicación, pero no todas las compañías lo plantean como requisito para llevar un acompañante (ni deniegan el embarque en función de eso).

El Reglamento también establece que en caso de que se deniegue el embarque por éste u otros motivos la compañía deberá informar al afectado y ofrecer una alternativa razonable.

En cuanto al acompañante en cuestión, su perfil varía notoriamente según las aerolíneas. En la mayoría de los casos se solicita que sea mayor de 16-18 años (hasta 12 en vuelos domésticos de Air Europa), que sea capaz de atender las necesidades del pasajero en cuestión (sólo podrá acompañar a uno) y que no vaya a su vez con un niño menor de 3-4 años. En British Airways se habla únicamente de asistentes profesionales para atender las necesidades médicas del pasajero y la compañía se ofrece incluso a facilitar el contacto de personas especializadas. La tarifa de este asiento "obligado" no tiene ninguna rebaja aunque Lufthansa aclara que en vuelos desde o hacia EEUU, cuando existe la obligación de viajar con un acompañante, éste viajará sin cargo en el primer vuelo. A partir de ese momento, una vez que el pasajero ya ha sido informado de que no puede viajar solo, se abonará el billete completo.

En caso de que el pasajero tenga movilidad reducida o necesidades especiales siempre es altamente recomendable avisar a la compañía como mínimo 48 horas antes del vuelo. En Europa son los aeropuertos los encargados de asistir al pasajero hasta su avión, pero en otras regiones será la propia compañía la encargada, así que esta recomendación se hace aún más necesaria. Gracias a esta pequeña acción se asegura que la ayuda recibida será la más adecuada y se evitarán problemas en el momento del embarque.

Durante el proceso de compra o reserva del billete también se debe avisar a la aerolínea de las circunstancias del pasajero. De esta forma podremos escoger el asiento más adecuado a nuestras necesidades o permitir que la propia compañía nos asigne el indicado. Y la ubicación dentro de la cabina no siempre será la misma.

Del mismo modo, por lo general esta asignación es gratuita (aunque pueden realizar un cargo si se modifica la reserva ya asignada de acuerdo a las necesidades del pasajero) y también se asegura un embarque prioritario en la mayoría de los casos (en Ryanair embarcan los últimos).

Todas las compañías están obligadas a transportar gratuitamente equipos médicos, pero su uso a bordo es un asunto muy diferente. Si nos centramos en las terapias de oxígeno lo más indicado es que se contacte directamente con la compañía como mínimo 48 horas antes del vuelo, ya que no se aplican las mismas normas basándose en razones de seguridad. En todo caso habrá que respetar los requisitos técnicos y aportar certificados médicos que justifiquen su uso durante el vuelo.

También serán recomendables certificados o autorizaciones para el transporte de medicamentos, especialmente jeringuillas. La tripulación en ningún caso puede administrar inyecciones y probablemente no sea posible mantener refrigerada la medicación.

Las alergias son un caso aparte; si se padece una alergia grave a frutos secos es recomendable avisar a la tripulación, llevar la medicación necesaria en caso de choque anafiláctico e informar de su ubicación por si hubiera que localizarla de urgencia. Del mismo modo, ninguna compañía puede garantizar al 100% que no habrá presencia de frutos secos en la cabina, así como no se puede prohibir al resto de pasajeros que los consuman, si bien en algunos casos se ofrece retirarlos de la venta a bordo. Si tenemos alergia a los animales, Norwegian nos ofrece la posibilidad de solicitar que no embarque ningún animal en nuestro vuelo (siempre y cuando no se haya reservado ya una plaza para una mascota).

Por último, existe una regla no escrita que comparten todas las compañías: si el pasajero supone una amenaza para la seguridad del vuelo, tanto el personal de tierra como el capitán podrán impedirle subir al avión.

Fuente: El Mundo



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