Es uno de los grandes misterios del cuerpo de las mujeres. ¿Para qué sirve el orgasmo femenino? ¿Realmente los hay de varios tipos? ¿Tiene alguna función biológica, más allá de oto

En sus inicios, tenía un rol en la ovulación

¿Cuántos tipos de orgasmos hay?

Es uno de los grandes misterios del cuerpo de las mujeres. ¿Para qué sirve el orgasmo femenino? ¿Realmente los hay de varios tipos? ¿Tiene alguna función biológica, más allá de otorgar placer? ¿Sirve para algo, a nivel corporal, el éxtasis que provoca? Es algo que ha intrigado, desde tiempos inmemoriales, a investigadores de todo tipo. El porqué del orgasmo es todavía una incógnita.

Desde siempre, son muchas las teorías que han tratado de desvelar el origen de este clímax que algunas mujeres tienen serias dificultades para alcanzar. Sin embargo, la mayoría se ha centrado normalmente en el rol que éste ha tenido en la biología humana y de los primates. Queda, todavía, luz por arrojar para conocer exactamente cuál es el punto de partida, el 'momento cero' del orgasmo.

Hoy, gracias a un estudio realizado por científicos de la Universidad de Yale y publicado en el Journal of Molecular and Developmental Evolution, sabemos un poco más sobre una de las claves del sexo femenino. Según los autores del trabajo, mientras que la mayoría de análisis sobre esta cuestión se centraban en buscar evidencias biológicas, ellos han preferido indagar "en su origen evolutivo".

De esta forma, Wagner y Mihaela Pavliev, científicos del Hospital Infantil de Cincinnati, sostienen que el rasgo que desarrolló el orgasmo femenino tenía una función ancestral en la inducción a la ovulación. Es algo que concuerda con estudios anteriores, que sugieren que las mujeres tienen más fantasías sexuales en los días previos a este ciclo hormonal.

A pesar de que en su momento el orgasmo jugara un papel en la ovulación, según los autores, no parece que hoy día exista una asociación entre el orgasmo y la reproducción humana, por lo que han decidido centrarse en una característica fisiológica que acompaña al orgasmo femenino: la descarga neuroendocrina de prolactina y oxitocina.

Así, el equipo investigador decidió observar la actividad de estas dos hormonas durante el orgasmo en otros mamíferos, y se dieron cuenta de que, efectivamente, desempeñan un rol en la ovulación de las hembras.

A pesar de la diversidad biológica que existe entre los mamíferos, sí que hay algunas características comunes que pueden observarse durante la evolución de las especies, sostienen los científicos responsables del estudio. El ciclo ovárico de las mujeres, por ejemplo, es independiente de la actividad sexual. Pero en otras especies, sin embargo, es inducido por los machos. El análisis publicado hoy en las páginas del Journal of Molecular and Developmental Evolution apunta que la ovulación espontánea es una evolución de la ovulación inducida por los machos.

De esta forma, los autores del trabajo sugieren que el orgasmo femenino también podría haber evolucionado de la misma manera, pasando de tener un papel directo en la inducción a la ovulación, a tener un papel superfluo en lo que a la reproducción se refiere. Quedaría, por tanto, encargado -nada más y nada menos- de otorgar placer a las mujeres.

Simultáneamente, este estudio ha servido para identificar otra cosa bastante interesante: el clítoris no siempre ha estado donde está ahora. Los investigadores han realizado un análisis comparativo de genitales femeninos y se han dado cuenta de que, al mismo tiempo que el cuerpo de las hembras pasaba de una ovulación inducida por el macho a una ovulación espontánea, el clítoris cambió de lugar en la anatomía femenina.

Wagner y Mihaela Pavliev han observado que el clítoris pasó de estar dentro del canal vaginal a estar en su posición actual. Este cambio provocó que fuera menos probable que el clítoris recibiera, durante la penetración, la estimulación necesaria para desembocar ese reflejo neuroendocrino conocido como orgasmo. Quizás sea ésta una de las claves que expliquen tanta polémica en torno a si existe o no el orgasmo vaginal, otro de los grandes misterios del sexo de las mujeres.

Fuente: El Mundo



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