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María y Luis prefieren conservar su anonimato, pero a través de estos nombres ficticios contarán su historia. Llevaban 12 años de relación cuando empezaron a tener problemas. Las discusiones eran frecuentes, las relaciones sexuales, escasas, y a María le faltaban las ganas: su deseo sexual había desaparecido. Fue entonces cuando decidieron, por mediación de unos amigos, acudir a terapia.

"Nos decidimos a ir cuando las discusiones empezaron a ser muy recurrentes, teníamos una hija, queríamos hacerlo por ella pero también por nosotros, porque nos queríamos", confiesa María.

En el momento de la decisión, ella tenía 37 años y él 41. Ambos tenían altos cargos en sus empresas, por lo que pasaban trabajando muchas horas fuera de casa. Su hija de cinco años era muy importante para ellos, y casi todo el tiempo libre del que disponían lo pasaban con ella, con lo que ellos disfrutaban de muy poco tiempo solos, como pareja. Y ahí, radicaba, sin ellos saberlo, uno de los problemas de su relación.

Al inicio de la terapia, ella no tenía deseo y, por ello, sentía rabia y culpa. Además, no se sentía escuchada y apoyada por su marido. Por su parte, él también tenía rabia y frustración. No se sentía hombre. "Había una falta de regulación emocional. A él le faltaba la parte sexual (pasión) y a ella la parte de cariño y comunicación (intimidad)", explica Ares Anfruns Nomen, psicóloga, terapeuta de pareja y responsable del Área Clínica de Institut Gomà en Barcelona. Ella fue quien dirigió y llevó la terapia de María y Luis.

Para explicar mejor este proceso, hay que acudir al año 1986, cuando el psicólogo Robert Jeffrey Sternberg expuso la teoría del triángulo del amor. Este especialista decía que "para que una relación funcione, tienen que existir tres elementos lo más equilibrados posibles: intimidad, pasión y compromiso". Teoría que, según Anfruns Nomen, cuadra con las demandas en terapia de pareja: "Frecuentemente, existe alguno de estos componentes (o más de uno) que no está en equilibrio y causa dificultades a la pareja".

En el caso de María y Luis, fallaba el componente sexual, pero también otras áreas como la comunicación. "Nos dimos cuenta que detrás de nuestra mala sexualidad habían muchos factores que nos estaban llevando a tener esa dificultad: no hablábamos apenas y si lo hacíamos acabábamos discutiendo. Estábamos muy centrados en nuestra hija y teníamos muchas emociones acumuladas. La parte emocional era para nosotros, uno de los grandes factores que estaban haciendo que mi deseo sexual no existiera", cuenta María.

La falta de deseo sexual es una ausencia o deficiencia de fantasías y deseos de actividad sexual, que, si es persistente, provoca malestar intenso en la persona que lo padece o dificultades en la relación interpersonal. Según los datos, esta disfunción sexual es mucho más frecuente en mujeres que en hombres, teniendo una incidencia aproximada de un 20% en mujeres menores de 45 años, y de un 40% en mayores de esta edad. Siguiendo con datos, en Europa la incidencia de mujeres que tiene bajo deseo sexual es de un 30%, en España, de un 36% aproximadamente.

Las causas de esta inapetencia sexual pueden ser biológicas, psicológicas y socioculturales. En general, señala Anfruns Nomen, los tres tipos de causas están interrelacionados. En consecuencia, lo que afecta a una esfera interfiere e influye en las otras dos. De hecho, un estudio publicado en 2013 en la revista científica The Journal Sexual of Medicine advertía esta relación. Según sus investigadores, el procedimiento de actuación y abordaje del problema debía basarse en una perspectiva biopsicosocial, multidimensional e integradora.

Los síntomas de tener bajo deseo sexual son los siguientes: se evitan con frecuencia las propuestas de actividad erótica y sexual que propone la pareja, disminuye también la propia iniciativa de la persona quien lo padece, y se esquivan las situaciones en las que sabemos que la pareja puede proponer algún encuentro sexual. Pero el signo más notorio "llega el día en que uno se da cuenta de que el sexo está casi ausente en nuestras preferencias y que rara vez aparece en nuestro pensamiento", añade la especialista.

En la relación de María y Luis, había una evitación de la relaciones sexuales, pero también una gran falta de comunicación y muchos sentimientos de soledad. Por tanto, el objetivo con la terapia era claro: volver a recuperar su relación de pareja. Volver a tener relaciones sexuales.

"Había muy buena predisposición por parte de ambos, conscientes de que el problema era de ambos, no sólo de María por no sentir deseo sexual", cuenta Anfruns Nomen. Algo muy importante en terapia, es la predisposición que tenga la pareja de solucionar sus problemas, pero también el tiempo: intentar solucionar las cosas antes de que la relación esté muy desgastada. María y Luis tuvieron suerte.

"Pusimos de nuestra parte antes de que fuera muy tarde. Creo que muchas parejas acuden a terapia como último cartucho para salvar su relación, después de años de mala comunicación y entonces es más difícil una terapia, porque los dos están muy mal", dice María. A pesar de que no era muy tarde, tuvieron que poner mucho de su parte para reconducir su mala situación. "Si hubiéramos pensado antes en esta opción, lo hubiéramos podido solucionar mucho antes. Pero la pereza, la rutina y los pensamientos de 'bueno no es tan importante', 'nos queremos', 'tenemos una hija' nos impidieron dar antes el paso", añade.

En la actualidad, una de las demandas más frecuentes en las consultas de psicología son los problemas de ansiedad y las relaciones de pareja. Y éstas van en aumento. Según los expertos, la terapia funciona siempre y cuando ambos quieren reconducir la solución y no haya pasado demasiado tiempo del desgaste en la relación.

En el caso de nuestros protagonistas, Anfruns Nomen tenía claro los objetivos que había que marcar. Fueron seis, fundamentalmente: potenciar la fantasía erótica; elaborar juegos de seducción entre la pareja; la introspección para reconocer los deseos propios y más genuinos; la relajación y la meditación para disminuir el estrés o la ansiedad; visualizaciones dirigidas para potenciar el erotismo y la aceptación del problema y la búsqueda de novedades consensuadas con uno mismo y con la pareja.

"Teníamos prejuicios sobre de la sexualidad. Como, por ejemplo, que la penetración siempre tenía que estar en una relación sexual. Hacíamos muy pocos preliminares y el orgasmo era nuestra meta siempre", señala María. Además, "cuando llegó nuestra hija todo giraba en torno a ella, incluso nuestras conversaciones. Nos dedicamos a ser muy buenos padres pero nos olvidamos que también éramos pareja". Sin embargo, todo eso cambió. El proceso les sirvió para darse cuenta que se habían olvidado el uno del otro, y no por falta de amor sino por descuido. "Conseguimos saber ambos qué sentíamos, cómo lo sentíamos y sobre todo aprender a gestionarlo en vez de pagarlo el uno con el otro o, incluso, callarlo".

Desde aquí, María anima a todas las parejas a que hablen, a que se tomen tiempo a solas (sin hijos) y que se vuelvan a reconquistar cuando estén solos. "Que el ser padre y ser pareja son roles diferentes y hay tiempo para todos. ¡Que fuimos padres gracias a ser pareja!", concluye.

Fuente: El Mundo



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