Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) algunas de las causas que pueden causar una pérdida auditiva a cualquier edad son las siguientes: Enfermedades infecciosas como meningitis, sarampión o parotiditis o paperas, sobre todo en la niñez, pero también posteriormente. Infecciones crónicas del oído que por lo común se manifiestan por supuración crónica. En

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Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) algunas de las causas que pueden causar una pérdida auditiva a cualquier edad son las siguientes:

Enfermedades infecciosas como meningitis, sarampión o parotiditis o paperas, sobre todo en la niñez, pero también posteriormente. Infecciones crónicas del oído que por lo común se manifiestan por supuración crónica. En ocasiones estas infecciones pueden acarrear complicaciones graves incluso mortales, como absceso cerebral y meningitis. El oído interno puede resultar también dañado por efecto de medicamentos ototóxicos a cualquier edad. Destacan algunos antibióticos y antipalúdicos. Los traumatismos craneoencefálicos o de los oídos. El ruido excesivo, por ejemplo, al trabajar con maquinaria ruidosa, oír la música a todo volumen o exponerse a ruidos muy intensos, como los disparos de arma de fuego o las explosiones, puede lesionar el oído interno y menguar la capacidad auditiva. Pérdida auditiva relacionada con el envejecimiento (presbiacusia). La obstrucción del conducto auditivo por la acumulación de cerumen o el encajamiento de cuerpos extraños. Este trastorno suele ser leve y se puede corregir fácilmente.

Las estrategias que propone la OMS para prevenir la pérdida auditiva son sencillas:

Vacunar a los niños contra las enfermedades propias de la infancia, en particular el sarampión, la meningitis, la rubéola o la parotiditis. Aplicar la vacuna contra la rubéola a las mujeres adolescentes y en edad de procrear antes de que se embaracen. Efectuar pruebas de detección para descartar la sífilis y otras infecciones de las embarazadas. Mejorar la atención prenatal y perinatal, en particular mediante la promoción de los partos sin riesgos. Evitar el uso de medicamentos ototóxicos a menos que sean recetados por un médico cualificado y la posología sea vigilada cuidadosamente. Cuando sea necesario, remitir para su evaluación y tratamiento a los bebés con riesgo elevado de sufrir estos problemas (por ejemplo, los que presentan antecedentes familiares de sordera, bajo peso al nacer o han sufrido asfixia del parto, ictericia neonatal, meningitis, etc). Disminuir la exposición a los sonidos y ruidos excesivamente altos mediante la concientización, el uso de dispositivos de protección personal y la aplicación de leyes adecuadas.

 

 

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Fuente: www.quierooir.com



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