«Me dedico a predecir el futuro y puedo predecir casi cualquier cosa menos lo que voy a hacer yo». Con esta broma, Héctor Gómez deja entrever mucho de su carácter. Él predice el fu

El ingeniero coruñés, Héctor Gómez, calcula los modelos matemáticos que hacen de tal pronóstico una realidad y fija su evolución

«Me dedico a predecir el futuro y puedo predecir casi cualquier cosa menos lo que voy a hacer yo». Con esta broma, Héctor Gómez deja entrever mucho de su carácter. Él predice el futuro, sí, pero lo hace desde el punto de vista de la bioingeniería. En un juego de palabras y retórica lo han bautizado como el meteorólogo del cáncer: «la metáfora del tiempo me ayuda a explicar mi trabajo», apunta. Un trabajo que le ha valido el reconocimiento de Innovador menor de 35 de la MIT Technology Review, el premio Agustin Betancourt al mejor investigador menor de 40 años de la Real Academia de Ingenería y, el pasado mes de marzo, la distinción en investigación científica de la Fundación Princesa de Girona.

Su investigación la inscribe dentro de la ingeniería computacional aunque lo cierto es que, en realidad, tiene mucho de ingeniería biomédica. Lo que ha hecho este coruñés es establecer los primeros pasos para desarrollar un modelo de diagnóstico personalizado de cáncer de próstata a partir de simulación matemática. «Hoy nadie se sorprende de que podamos predecir con antelación el tiempo que hará los próximos días, con mi trabajo intento hacer lo mismo con la evolución de un cáncer, es decir, predecir cuándo supondrá un problema real y anticipar tratamientos posibles», aclara Gómez.

Si su vida gira hacia estos derroteros es porque Gómez identifica una oportunidad en este ámbito: «los metódos computacionales que conocía podían jugar un papel importante en el cáncer de próstata», afirma Gómez. De hecho, este tipo de cáncer presenta importantes problemas de diagnóstico. Su incidencia es elevada entre la población masculina: «lo difícil es saber diferenciar cuándo se trata de casos que dan lugar a un problema de salud grave y cuáles son los casos que no», explica el ingeniero que distingue, paralelamente, entre pacientes que son sobretratados y los infratratados.

Por este motivo, su equipo trabaja por predecir qué sucederá en las situaciones más complejas de esta dolencia. Para ello, el que ha sido bautizado como proyecto Music, se sirve de dos tecnologías, por un lado la capacidad de cálculo de los ordenadores que «está creciendo muy rápido», apunta Gómez. Y por el otro, la imagen médica cuya resolución es cada vez mayor y los datos clínicos. «Utilizando las ecuaciones predecimos como evolucionará», resume el procedimiento Gómez. Además, parten de datos de base biológica en una suerte de diagnóstico retrospectivo, es decir, se trata de un nivel completamente científico y lejos, todavía, del ensayo clínico.

Tiene claro, este investigador, que el futuro de la medicina pasa por la medicina de precisión y la medicina personalizada. «Dentro de unos años el médico no te preguntará que te ha pasado. Tendrá una base de datos extremadamente sofisticada con todos los detalles de la anatomía del paciente», pronostica Gómez. Integrará también imágenes 3D de todo el cuerpo y la mina que suponen los datos genéticos, que con un software de análisis permitirá mejorar el diagnóstico, desde su punto de vista. En este sentido, aunque no cree que llegue a sustituirse el diagnóstico humano que realiza el doctor, si apunta que se añadirán tecnologías de las que serán usuarios. «Es posible que aparezcan nuevas especializaciones médicas, igual que aparecieron los radiólogos», razona el investigador.

«Mi doctorado se centraba en métodos computacionales para resolver problemas de mecánica», recuerda Gómez sobre sus inicios. El proyecto Music continua avanzado en la Universidad de A Coruña, mientras Gómez investiga ahora desde Purdue University, en Estados Unidos. En estos años, su trabajo ha oscilado en el desarrollo de algoritmos computacionales que se utilizan en problemas de ingeniería general para diseñar cualquier producto manufacturado -como coches o aviones-, aunque también ha estado trabajado en problemas de mecánica de fluidos multifásicos -como agua y aire o agua y petróleo de gran relevancia en la industria farmacéutica o petroquímica-, o problemas donde hay fluidos y sólidos simultáneamente así como otras dimensiones de la biomecanica, como migración celular o angiogénesis tumoral.

Fuente: El Mundo



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