"Levanta la cabeza. Mira al frente. Mete la tripa... ¡y aprieta el culo!», repetían nuestras abuelas. Ellas, que no iban de 'influencers' por el mundo, sintetizaron mejor que nadie las claves para no torcerse... ni en la postura, ni en la vida. Ellas, que no sabían lo que era 'core', ni 'fitness', ni 'running' y que jamás hicieron una operación bikini, tiraban de sentido común para todo. Ellas, que sí que eran ZEN de verdad, tenían razón. Las cosas son más fáciles de lo que parecen, como recuerda María Giner (3/12/73), entrenadora personal en The Pilates Club (Madrid): "Simplemente, con usar los músculos para lo que están diseñados -manteniéndolos activados-, ya los estamos trabajando. Es así de sencillo".

Pues ni eso hacemos ya. Y, en el momento en el que se olvidan los consejos de la abuela, empiezan a llegar los problemas. "Al dejar de utilizar nuestra masa muscular, ésta pierde el tono que necesita para realizar correctamente su función y aparecen las lesiones, los dolores, etc". Uno de los exponentes más dramáticos del maltrato al que estamos sometiendo a nuestro organismo con nuestro estilo de vida sedentario es... el trasero. Sometidas al castigo diario de pasarse una media de ocho horas aplastadas contra una silla, nuestras nalgas ven mermadas las capacidades de resistencia y elasticidad a través de la pérdida de colágeno y elastina (dos proteínas esenciales cuya función estructural es mantener la flexibilidad en los tejidos). Es decir, se quedan tristes, planas y descolgadas. En lugar de impulsor del movimiento en un cuerpo sano y potente, los glúteos se convierten en una especie de triste cojín carnoso incrustado en un esqueleto anquilosado. ¿Suena horrible? Esto sólo acaba de empezar.

Nos obsesiona tener un culo duro, fuerte y alto. Pero tras este secreto deseo no se suele esconder una preocupación por mejorar nuestra salud, sino nuestro lado más narcisista. Soñamos con poseer una retaguardia poderosa para que nos sienten bien los vaqueros o para lucir palmito en la piscina sin darnos cuenta de que lo verdaderamente importante es que ésta desempeñe adecuadamente la misión que le corresponde, que no es precisamente la de ser objeto de admiración -que también está bien pero no es tan importante-, sino "colaborar, junto a los músculos abdominales, a la estabilización de nuestra columna vertebral, entre otras muchas cosas", asevera Giner.

Dividido en glúteo mayor, medio y menor, este grupo muscular interpreta un papel protagonista en nuestro día a día. ¿Por qué? La entrenadora de The Pilates Club lo explica: "Está implicado en todos los movimientos que realizamos en nuestra vida cotidiana. Nos ayuda a optimizar nuestra forma de caminar. También a aumentar nuestro rendimiento en cualquier deporte que practiquemos. Si corremos, por ejemplo, mejoraremos nuestro impulso y nuestra potencia", afirma la entrenadora. "Incide directamente en la movilidad de las piernas y, sobre todo y quizás lo que es más importante, en la estabilidad de la columna vertebral y la pelvis-añade-. En resumidas cuentas, nos ayudan a mejorar la postura corporal, evitando lesiones y dolores".

Si no lo ves claro, haz estas pruebas. Da una zancada. Observa desde dónde parte el movimiento de cada una de tus piernas al caminar. De tus glúteos, ¿verdad? Si viajas en Metro o en autobús y vas de pie, fíjate en qué partes de tu cuerpo contraes para mantener el equilibrio. ¿A que pones duros el culo y el abdomen? Pues ahí tienes las pruebas.

Ideados por la naturaleza para ser los músculos más potentes, si no están bien tonificados y permanecen desactivados, el trabajo que ellos no realizan -por falta de facultades- recaerá sobre otras partes del cuerpo que no están preparadas para asumirlo con solvencia. El resultado: sobrecargas y otro tipo de dolencias en la zona lumbar o en las rodillas, por citar dos casos.

Endurecer las posaderas no resulta fácil. "Cuesta mucho. Al ser un grupo de fibras tan grande y potente requiere un trabajo específico muy concentrado en la zona para lograrlo", explica Giner. La parte buena es que, a diferencia de los gemelos o los abdominales, "los glúteos no sólo pueden fortalecerse para que vuelvan a ser útiles desde el punto de vista anatómico, sino que además pueden verse modificados -para bien- estéticamente para que resulten más atractivos, voluminosos y elevados".

Para comenzar a sacarlos del letargo al que lo sometemos durante la jornada laboral, María Giner recomienda "levantarnos de la silla cada hora para dar pequeños paseos y si podemos subir algún tramo de escaleras, apoyando bien todo el peso del pie en el talón y contrayendo el glúteo". Al caminar, lo ideal sería "apretar el trasero al dar cada paso".

Además de proponernos una tabla de ejercicios específicos para tonificar la zona que habría que realizar tres veces a la semana, la preparadora física aconseja complementar este trabajo con algún tipo de actividad cardiovascular. "Nos vendrá muy bien hacer elíptica, algo de carrera, subir cuestas, nadar -lo mejor, a braza-, o practicar trekking".

Tan importante como el trabajo de tonificación es el de elasticidad. "Hay que estirar muy bien porque pueden producirse lesiones por activar demasiado sus fibras sin estirarlas posteriormente. Fuerza y flexibilidad deben ir siempre de la mano", subraya.

Por último, recalca la importancia de, además de ejercicio, cuidar nuestra alimentación. "Necesitamos un aporte diario de macronutrientes esenciales, grasas, hidratos de carbono y sobre todo de proteínas, que es el mayor alimento del músculo, en cada comida. Deberíamos intentar que haya un 40% de proteínas en cada ingesta". Todo eso y no olvidar nunca los consejos de la abuela.

Fuente: El Mundo



Compartir en Facebook Compartir en Google+ Compartir en Twitter Compartir en Pinterest