El ministerio recibe denuncias por ofertas de audífonos para la sordera que en realidad son simples amplificadores de sonido

Si le ofrecen un audífono muy barato para paliar un problema de sordera, desconfíe. Es probable que no sea un audífono, sino un simple amplificador de sonido que, mal utilizado, puede provocar daños en el oído. La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) ha emitido una alerta sobre la publicidad engañosa de algunas empresas que ofrecen amplificadores como si fueran audífonos. Esta agencia, dependiente del Ministerio de Sanidad, asegura haber recibido ya varias denuncias de consumidores engañados.

La nota informativa de la AEMPS avisa de que "aunque la tecnología y la apariencia de algunos aparatos amplificadores sean similares a las de un audífono, solo estos están diseñados e indicados para compensar las deficiencias auditivas". Un amplificador solo debería ser utilizado por una persona con audición normal que quiera oír mejor en determinadas situaciones, pero siempre durante un tiempo breve. "Su uso prolongado puede provocar daños en el oído", subraya la agencia.

Unos y otros aparatos tienen características muy distintas y están sometidos a diferentes normativas. Los audífonos se consideran productos sanitarios porque compensan deficiencias auditivas. Incorporan sistemas electrónicos, generalmente programables, que procesan de forma específica las distintas frecuencias del espectro sonoro para compensar la pérdida auditiva. Además, avisa la AEMPS, requieren una adaptación individualizada. "La evaluación audiológica por un profesional sanitario especializado es esencial antes de elegir el audífono más adecuado para cada paciente", señala. Sin evaluación, se "puede producir un trauma acústico en el oído".

Si hay problemas de audición, Sanidad recomienda siempre acudir al médico (a un especialista en otorrinolaringología) para que haga un diagnóstico. Además, se debería comprar el audífono en gabinetes de audioprótesis autorizados.  

"Un audífono cuesta de promedio entre 1.000 y 1.200 euros", explica Nuria Salvà, audioprotesista y coordinadora de servicios de GAES, empresa líder en estos productos, en Cataluña. "Cuando te venden en televisión un amplificador por 60 euros está claro que no es un audífono". Salvà reconoce que en muchos casos los anuncios hablan de "amplificadores de sonido" y no de audífonos. "Pero la media de edad de las personas que necesitan estos aparatos es bastante altas y muchos no son capaces de distinguir las diferencias entre unos y otros", añade.

Los centros autorizados tienen que acreditar ante la Administración que tienen el personal adecuado (técnicos audioprotésicos; formación de grado superior) y las instalaciones necesarias para hacer las pruebas, como cabinas insonorizadas, apunta Salvà. Además, "es imprescindible que antes un otorrino haga un diagnóstico y prescriba la necesidad de la prótesis auditiva". "Nos constan las denuncias, es nuestro día a día", señala.



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