El tratamiento con antibióticos es igual de eficaz y evita las complicaciones de la cirugía y la anestesia
Las apendicitis agudas representan en torno al 11% de las urgencias en la población infantil. Una apendicitis que, por lo general, suele ser tratada mediante la extirpación quirúrgica del apéndice -la denominada ‘apendicectomía’-. Sin embargo, y como concluye un estudio llevado a cabo por investigadores del Nationwide Children’s Hospital de Columbus (EE.UU.), la apendicectomía no siempre se presenta como la opción más indicada. Por lo menos en las apendicitis no complicadas, en las que el tratamiento con antibióticos resulta igualmente eficaz y, además, se asocia con menos efectos secundarios.
Como destaca Peter C. Minneci, director de esta investigación publicada en la revista «JAMA Surgery», «las familias que eligen tratar las apendicitis de sus hijos con antibióticos, incluso en aquellos casos en los que se acaba pasando por el quirófano porque los antibióticos no funcionan, consideran que vale la pena porque pueden evitar la cirugía. Y es que estos pacientes evitan los riesgos de la cirugía y la anestesia y, además, pueden retomar más rápido sus actividades cotidianas».
En palabras de Katherine J. Deans, co-autora del estudio, «la cirugía ha sido durante mucho tiempo considerada el ‘estándar de excelencia’ para tratar la apendicitis porque la extirpar el apéndice se elimina toda posibilidad de que la apendicitis pueda volver a aparecer. Sin embargo, todos los médicos hemos visto que los pacientes que reciben antibióticos la noche antes de entrar en el quirófano se sienten mejor a la mañana siguiente. Entonces, la pregunta es: ¿realmente necesitamos la cirugía?».
Para responder a esta pregunta, los autores compararon la eficacia y seguridad de la cirugía y del tratamiento antibiótico en 102 pacientes con edades entre los 7 y los 17 años diagnosticados de apendicitis no complicada. Todas las familias fueron informadas de las dos opciones de tratamiento: apendicectomía urgente o tratamiento no quirúrgico -opción que suponía una estancia durante 24 horas en el hospital para recibir tratamiento intravenoso con antibiótico y, en caso de mejoría de los síntomas, un período extra de 10 días recibiendo antibióticos orales-.
Un total de 67 familias eligieron cirugía, mientras que las 37 restantes optaron por la opción no quirúrgica. Transcurridos 30 días, solo un 11% de los niños que recibieron el tratamiento con antibióticos acabó pasando por el quirófano. Un porcentaje que, al cabo de un año, creció solo hasta el 24%.
Los resultados mostraron una tasa de apendicitis complicada similar para ambas opciones, incluidos aquellos niños que recibiendo tratamiento con antibióticos acabaron entrando en el quirófano para una apendicectomía. Sin embargo, y transcurridos 12 meses desde la elección, la opción con antibióticos se asoció con un menor periodo de recuperación -8 días de media frente a los 21 de la opción quirúrgica inicial- y un menor coste sanitario –4.219 dólares estadounidenses frente a 5.029 dólares–. Y a todo ello se suma que la tasa de complicaciones al cabo de un año es igualmente similar para ambas alternativas.
En definitiva, apuntan los autores, «creemos que los resultados de nuestro estudio reflejan la eficacia de ofrecer a los pacientes y sus familias un abordaje no quirúrgico».
Pero los beneficios del tratamiento con antibióticos pueden no ser tales en ciertas circunstancias. Como refiere Minneci, «si una familia tiene tanto miedo a una recurrencia, es decir, a un nuevo caso de apendicitis, como para acudir a Urgencias cada vez que el niño tenga dolor abdominal, entonces supondrá que el hijo tenga que someterse a más pruebas diagnósticas y acabe eventualmente sometiéndose a cirugía. En este caso, por tanto, la elección de la apendicectomía puede resultar mejor para el niño».
Entonces, ¿cuál es la mejor opción? Como concluye Deans, «muchos padres son conscientes de lo que conlleva la cirugía y la anestesia en general. Pero también son conscientes de que el niño puede volver a padecer una apendicitis aguda. En consecuencia, la elección tendrá que ver con las preferencias de la familia, de sus valores, de sus expectativas y de lo que creen que es más importante tanto para el niño como para la propia familia».

Fuente: ABC



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