Ya sabéis que el tópico de que la Navidad es un tiempo entrañable puede resultar irritable. Aquello de los días para el reencuentro, dedicados a compartir tiempo con la familia y seres queridos. ¡Paparruchas! La Navidad es un estrés continuo que amenaza con volver loco a cualquiera y en la que, además, reviven las viejas rencillas, los nervios y un consumismo atroz que amenaza con dejar la cuenta corriente bajo cero

Con el primer anuncio navideño de unos conocidos grandes almacenes, a las cuatro semanas de volver de la playa, comienza la fiebre prenavideña. De ahí a la cena de empresa, la lotería, Nochebuena y Fin de Año, hay un paso. Un lapso de tiempo muerto, que nos sobra. O casi. El caso es que cuando escuchamos el primer villancico al salir a la calle en el centro de las ciudades comienzan los sudores fríos. ¡Hosti, tú, la que se avecina! A ver al cuñado plasta de los chistes malos, a compartir la cena con la dentadura postiza de mamá y a aguantar a mis hijos y a mi mujer 'full time'. Barra libre a las comidas pesadas, los polvorones, turrones y a la putada de poner cara de bobalicón cuando todo el mundo te ofrezca participaciones de mierda de Lotería de Navidad del Bar Manolo o de la Asociación de Amigos de la Corneja de Calatayud. 

Llegan los regalos, los reencuentros, las luces, pero esa musiquilla estridente, ese coro de niños con la voz demasiado aguda, y ese ritmo acelerado que nos incita a comprar, comprar. Nos maltratan y nos estresan.

¿Por qué coño me tengo que poner de los nervios para intentar llegar a tiempo a comprar el último juguete de la Patrulla Canina de Madrid? Existe la obligación de encontrar el regalo perfecto para nuestros padres, suegros, pareja, amigos, hijos. Hay que acertar. Ser el padre perfecto, el marido amantísimo y el yerno atento y solvente. ¡Un encanto! ¡Que se vayan todos a la mierda! Yo ya me he convertido en el Grinch navideño de todos los años. Y seguro que a tu mujer y a tus hijos, que tienen gustos exquisitos pero no dan palo al agua, se les ha antojado el último ingenio para lanzar dardos de a 100 euros y el maravilloso reloj que cuesta un sueldo completo... de tu jefe.

Dicen los expertos que este año volvemos al consumismo salvaje. Ha sido dejar atrás los nubarrones macroeconómicos, y aunque la microeconomía sigue jodida y en la UVI -sí, la economía de los hogares- ya estamos todos contentos, sonrientes y ávidos para fundir el poco dinero que tenemos. Los entendidos aseguran que "el consumo es sobre todo un reflejo de nuestro estado de ánimo". Y como se supone que yo estoy contento por haber encontrado un trabajo de 800 euros por 13 horas de trabajo, ¡hala, a consumir!

Este año, según la Confederación Española de Comercio, el gasto medio de 700 euros por persona en la campaña de Navidad (alimentación, regalos, lotería, ocio, etc.). De este modo, aseguran que "podría ser la mejor campaña de Navidad desde el inicio de la crisis, estimando que crecerán las ventas como media un 6%", de todas las compras en general. Vale, pero, ¿de dónde saco yo mis 700 pavos?

Eso para los regalos. Ahora prepárate a sudar de verdad con las comidas. En preparar mesa y mantel se te va un pico, el riñón que te dejó Montoro. El jamón, el marisco, el turrón, los polvorones, el cochinillo, y el besugo, y todo ellos regado con una cantidad ingente de alcohol. Llenamos la despensa como si la próxima apocalipsis zombie estuviera a punto de producirse. Se jodió el gimnasio y las barritas con 0 calorías. De la cena de empresa, a las mil copas y el cava. Y para rematarlo, el roscón de Reyes y los polvorones que tienes que comprar y comer a todas horas porque le gustan a tu suegra. ¡Hasta ciete kilos podemos llegar engordar estos días!

Y los reencuentros familiares no ayudan a relajarse, por mucho que digan los lastimeros anuncios de la Lotería o de los turrones. Eso de regresar a casa es una mierda. ¿A qué regreso, a discutir? Todos queremos a nuestra familia, pero la queremos más cuando la tenemos lejos. A todo ello hay que sumar la logística de cenar en casa uno y comer en casa de otro. De acudir al pueblo de tu mujer que está a 600 kilómetros, que eso te pasa por ir a caer con una tía de Tui (Pontevedra), con la de gordas que hay en Madrid, ¡coño! Y es que encajar tu agenda en Navidades es más complicado que organizar una Conferencia Internacional de la ONU. Nos faltan días para quedar con las amigas, los del curro, la familia, los del insti, los de la Uní,

Lo siento amigos, sí, odio la Navidad... Más que Albert Rivera a la última encuesta.

Fuente: Que.es



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