Un proyecto español trata de erradicar una infección habitual en Kenia

"¿Sabes qué índice de tracoma hay en tu país, España?". Pregunta con media sonrisa Samson Akichem Lokole, coordinador de los servicios oftalmológicos de la región de Turkana, al norte de Kenia. Ante el silencio por no saber qué respuesta dar, Lokole contesta rápidamente. "Ninguno. Es un problema erradicado hace más de cien años". Primera lección de salud visual aprendida. "¿Y sabes cuál es el índice que hay en la región de Turkana?", una vez más, quien calla otorga. "En el año 2012 constatamos que había un índice del 42,63%".

La cifra es descomunal y más después de saber que la Organización Mundial de la Salud (OMS) cataloga de problema de salud público a esta enfermedad si el índice supera el 10%. Además, en el caso de la región de Turkana, el 8,9% de los casos son de tracoma triquiasis y pueden derivar en ceguera, lo que para la OMS, de nuevo, es un problema de salud pública si afecta al 1% de la población. Turkana sobrepasa en ambos casos todos los límites situándolo en una de las zonas a nivel mundial con mayor índice de afectados.

Las zonas rurales del hemisferio sur junto a Oriente Medio son los lugares donde la enfermedad apremia con más fuerza. Al ser una dolencia muy asociada con la higiene, el acceso al saneamiento es fundamental, y su control, complicado en determinados lugares. En Kenia es una enfermedad muy común por la falta de acceso y tradición de llevar a cabo unas medidas de higiene estándar. Las tribus de la zona casi no tienen acceso al agua, y en el caso de que la tengan, la utilizarán para dársela a sus animales antes que para lavarse la cara. "Si el animal le puede proporcionar alimento, no van a dejar de proporcionarle sustento para que viva", dice Lokole.

En el año 2003, Esther Ciancas y Blanca García, dos doctoras españolas, llegaron a Lokitaung, al norte de Kenia, donde pronto comprendieron que el índice de tracoma entre las tribus turkanas era un problema de gravedad. Es una de las infecciones más antiguas conocidas por la humanidad y la primera causa de ceguera prevenible a nivel mundial. "La bacteria se transmite por contacto directo y los principales factores de riesgo son ambientales: escasez de agua, moscas, malas condiciones de higiene y hacinamiento en el hogar", explica Ciancas a EL MUNDO.

En España, esta enfermedad desapareció en la década de los cincuenta, y era conocida como la enfermedad de la pobreza, porque a ellos era a los que afectaba, "había unos 100.000 casos, especialmente en el Mediterráneo", cuenta. Con el objetivo de erradicar la enfermedad entre la población local pusieron en marcha Turkana Eye Proyect. El primer año de proyecto se llevaron a cabo 60 operaciones de cataratas y se trataron a 300 personas con diferentes problemas de visión. En 2014 se han llevado a cabo 2.487 cirugías. "Las enfermedades más comunes que vemos allí son las conjuntivitis -sobre todo alérgicas por el polvo-, el sol, la sequedad...; el tracoma en fase aguda, las cataratas, los problemas corneales por el clima y traumatismos, sobre todo en niños", enumera Ciancas.

Se trató, en primer lugar, de educar a la población para la protección de sus ojos y posteriormente se solventaron los problemas mediante cirugías o gafas en los casos que se necesitaban. Los tratamientos que no se pudieron llevar a cabo fueron derivados a otros hospitales con competencias, como Eldoret o Kikuyu, siempre con los costes cubiertos por el proyecto Turkana Eye Project. Después de rehabilitar el hospital de Lodwar, donde tienen la base de la clínica desde 2007, en el año 2010 se unieron a su proyecto dos socios más -Sight Savers International y Fred Hollows Foundation-, con quiénes se han repartido el trabajo en el área. Ahora se hacen consultas, tratamientos y cirugías durante todo el año, y ellas hacen dos viajes anuales a la zona para realizar campañas específicas de prevención de enfermedades oculares.

Las operaciones son un éxito, aunque en la mesa de operaciones han vivido de todo. "Hay mucho estigma sobre una intervención quirúrgica. Muchos creen que les vamos a sacar los ojos para operarlos o que les vamos a poner el ojo de una oveja o una cabra, explica a EL MUNDO Lokole. Pero luego salen encantados, porque pueden volver a ver en el momento. Saltan, cantan, ríen y, lo más importante, no tardan en decírselo a otras personas, con lo que los siguientes vienen más predispuestos a la operación". También es complicado para las tribus llegar hasta el hospital, pues es un desembolso importante que no pueden asumir. Por eso, Turkana Eye Proyect hace expediciones a los diferentes poblados, para garantizar el acceso a la salud en todos los rincones de Turkana y asegurarse de que todos reciben el tratamiento que necesitan. Echando la vista atrás, y con múltiples logros obtenidos, sigue habiendo muchos desafíos, asegura Ciancas: "La falta de educación sanitaria entre la población, el nomadismo -cerca de un 60%- y la falta de infraestructuras o la dificultad de que el proyecto sea sostenible sin el apoyo de las ONG y la Iglesia Católica en el sistema sanitario keniano".

Fuente: El Mundo



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