La iontoforesis posibilita una anestesia de rápida acción y mayor duración sin el uso de agujas

El temor a la anestesia, o lo que es lo mismo, el miedo a las agujas, es uno de los factores determinantes que explican que muchas personas experimenten temor en su visita al dentista. Un temor que, en algunas ocasiones, se convierte en fobia, pudiendo en estos casos repercutir muy negativamente en la salud bucodental. Pero según muestra un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de São Paulo (Brasil), es posible que las inyecciones, y por tanto las temidas agujas, tengan sus horas contadas. La solución: la iontoforesis.

Como explica Renata Fonseca Vianna Lopez, directora de este estudio publicado en la revista «Colloids and Surfaces B: Biointerfaces», «en los últimos años hemos trabajado en el desarrollo de un nuevo sistema de administración de fármacos para el tratamiento de enfermedades graves oculares y de la piel. No en vano, tanto los ojos como la piel plantean un reto para la administración de fármacos, por lo que hemos centrado nuestra investigación en la administración de fármacos mediante la nanotecnología, la iontoforesis y la sonoforesis».

Concretamente, la iontoforesis es una técnica electroterápica consistente en la administración de iones de sustancias activas –en este caso, de fármacos– aprovechando la corriente continua que, de baja intensidad, se aplica a un órgano o tejido con dos electrodos. Por su parte, la sonoforesis es una técnica para, igualmente administrar iones de sustancias activas, si bien en este caso mediante ondas de sonido.

En este estudio llevado a cabo con modelos animales –cerdo–, los investigadores añadieron dos fármacos anestésicos –hidroclouro de procaína e hidrocloruro de lidocaína– a los hidrogeles anestésicos que comúnmente se utilizan en las consultas de los odontólogos, si bien en este caso alterados con un polímero para lograr una mayor adhesión a la mucosa bucal.

Posteriormente, los autores aplicaron una pequeña corriente eléctrica –iontoforesis– con objeto de aumentar la eficacia de la anestesia. Y de acuerdo con los resultados, la técnica posibilitó una anestesia de acción rápida y larga duración.

Como destacan los autores, «la corriente eléctrica facilitó que el hidroclouro de procaína se introdujera de una forma más efectiva en el organismo, incrementando en hasta 12 veces la permeabilidad de la mucosa bucal al anestésico».

Por tanto, y una vez constatada la eficacia de la técnica, el siguiente paso será diseñar un dispositivo iontoforético para su uso específico en la boca.

Como indica Renata Fonseca, «la administración libre de agujas podría abaratar los costes, mejorar la cumplimentación del paciente, facilitar la aplicación de la anestesia y reducir los riesgos de intoxicación y contaminación. En definitiva, podría facilitar el acceso a un tratamiento dental más seguro y efectivo para millares de pacientes en todo el mundo».

Pero la practicidad de la nueva técnica no acaba ahí. Se estima que, aún en la actualidad, en torno a un 10% de la población mundial padece miedo a las agujas en menor o mayor medida.

Y como concluyen los autores, «la técnica tiene el potencial para su aplicación no sólo en la consulta del dentista, sino también en otras áreas médicas».

Fuente: ABC



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