Nuestros cuerpos se adaptan a unos mayores niveles de actividad física y ya no queman más calorías

Dejar de fumar y perder peso son, con casi toda seguridad, los propósitos más comunes que se plantean con cada llegada de año nuevo. Y si bien ninguno es realmente fácil de alcanzar, perder peso puede convertirse en una tarea frustrante cuando comprobamos que, por mucho ejercicio físico que hagamos, no lo conseguimos. No en vano, el ejercicio por sí solo puede resultar insuficiente para bajar de peso. Y es que como muestra un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (EE.UU.), nuestros cuerpos se adaptan a unos mayores niveles de actividad física. O dicho de otro modo, las calorías extra no siempre se acaban quemando aunque aumentemos nuestra cantidad de ejercicio.

Como indican los autores de esta investigación publicada en la revista «Current Biology», «nuestros resultados sugieren que quizás haya llegado el momento de replantearnos el efecto de la actividad física sobre el gasto energético diario. Y es que hemos de recordar la importancia no sólo del ejercicio, sino también de la dieta, para lograr el objetivo de perder peso».

Sea como fuere, recuerda Herman Pontzer, director del estudio, «el ejercicio es muy importante para la salud. Contamos con toneladas de evidencias que muestran que el ejercicio es importante para mantener un cuerpo y una mente sanos, y nuestro estudio no se ha realizado para cambiar este mensaje. Lo que indican nuestros resultados es que también tenemos que centrarnos en la dieta, muy especialmente cuando se trata de controlar nuestro peso o de prevenir o revertir una ganancia de peso poco saludable».

Los programas de ejercicio para perder peso pierden su eficacia con el paso del tiempo. De hecho, y transcurridos solo unos pocos meses, no solo se observa una disminución en la pérdida de peso, sino incluso, en ocasiones, una ganancia del mismo. La razón es que, a la larga, las personas con un estilo de vida muy activo acaban teniendo un gasto energético diario similar al de aquellas con una vida más sedentaria.

Y esta similitud en el gasto calórico, ¿por qué ocurre? Pues para responder a esta cuestión, los autores cuantificaron los gastos energéticos diarios y los niveles de actividad física de 300 mujeres y varones a lo largo de una semana.

Los resultados mostraron que el ejercicio físico tenía realmente un efecto sobre el gasto energético diario. Sin embargo, este efecto era muy pequeño en caso de una baja intensidad o cantidad de ejercicio. Por el contrario, las personas con un nivel moderado de ejercicio tenían un mayor gasto energético diario que el resto de participantes –en torno a 200 calorías diarias extra.

¿Y qué sucedía en el caso de aquellos con mayor cantidad o intensidad de actividad física? Pues, simplemente, que su ejercicio ‘extra’ no conllevaba ningún efecto sobre el gasto energético. Como refiere Herman Pontzer, «las personas con una mayor actividad física quemaban la misma cantidad de calorías diarias que aquellas que solo eran moderadamente activas».

Es decir, alcanzado el tope de gasto energético –sobre las ya referidas 200 calorías extra diarias–, el cuerpo se adapta y no quema más calorías.

En definitiva, concluyen los autores, «es el momento de descartar que una mayor actividad física implica siempre un mayor gasto calórico. Debería haber un ‘punto justo’. Y es que si bien muy poco ejercicio es poco saludable, demasiado ejercicio supone que el cuerpo realice grandes ajustes para adaptarse».

Así, los investigadores planean realizar un estudio para ver cómo el cuerpo responde a los cambios en los niveles de ejercicio y, así, identificar por qué el cuerpo se adapta a unos mayores esfuerzos físicos sin aumentar su gasto calórico.

Fuente: ABC



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