Las variaciones en los patrones ‘fractales’ a lo largo de una carrera artística difieren en función de que se padezca o no una enfermedad neurodegenerativa

Las variaciones en los patrones ‘fractales’ a lo largo de una carrera artística difieren en función de que se padezca o no una enfermedad neurodegenerativa

Las variaciones en los patrones ‘fractales’ a lo largo de una carrera artística difieren en función de que se padezca o no una enfermedad neurodegenerativa

En nuestro país convive más de un millón de personas con enfermedades neurodegenerativas, es decir, por patologías ocasionadas por una destrucción progresiva de las neuronas cerebrales. Unas enfermedades entre las que, dada su gran prevalencia, destacan el alzhéimer y el párkinson, que además de la referida neurodegeneración comparten la ausencia de tratamientos no ya curativos, sino incluso capaces de detener su progresión. Es más; el alzhéimer y el párkinson son patologías que aún a día de hoy no pueden ser diagnosticadas precozmente, quedando relegada su detección a la aparición de los síntomas. O así sucede, cuando menos, en la inmensa mayoría de los casos. Y es que un estudio dirigido por investigadores de la Universidad de Liverpool (Reino Unido) podría haber dado con la clave para una detección temprana de enfermedades neurodegenerativas en un numeroso grupo de artistas: los pintores. Y para ello, tan solo habría que fijarse en la evolución de sus trazos o pinceladas.

Como explica Alex Forsythe, director de esta investigación publicada en la revista «Neuropsychology», «el arte ha sido desde hace mucho tiempo adoptado por los psicólogos como un método efectivo de mejorar la calidad de vida de las personas que conviven con trastornos cognitivos. Así, y basándonos en esta tradición, hemos ‘deconstruido’ la ‘letra’ de los artistas a través del análisis de sus conexiones individuales entre el pincel y el lienzo. Y es que este proceso ofrece el potencial para la detección de problemas neurológicos incipientes».

Para llevar a cabo el estudio, los autores analizaron las pinceladas de siete renombrados artistas mediante un método de matemática aplicada denominado ‘análisis fractal’, a través del cual se posibilita la identificación de patrones geométricos complejos.

Concretamente, los ‘fractales’ son las caracterizaciones matemáticas de los objetos geométricos cuya estructura básica, fragmentada o aparentemente irregular, se repite a diferentes escalas. Y aunque el método se utiliza comúnmente para comprobar –o refutar– la validez de una obra pictórica, los fractales no son exclusivos de la pintura. Ni siquiera de los seres humanos. De hecho, abundan tanto en el entorno natural –por ejemplo, en los árboles, las nubes y los copos de nieve– que están considerados como las ‘huellas dactilares de la naturaleza’.

Y exactamente, ¿qué pintores fueron evaluados, a través de la evolución de los trazos de sus obras, en el estudio? Pues ni más ni menos que Salvador Dalí y Normal Morrisseau, que acabaron padeciendo la enfermedad de Parkinson; James Brooks y Willem De Kooning, que acabaron desarrollando la enfermedad de Alzheimer; y Marc Chagall, Pablo Picasso y Claude Monet, artistas a los que no se les diagnosticó ninguna enfermedad neurodegenerativa y, por ende, envejecieron de una forma ‘saludable’.

En total, el estudio contempló el análisis de 2.092 obras pictóricas de los siete pintores. Y como indican los autores, «si bien los pintores trabajaron en distintos estilos o géneros, la dimensión fractal en la que llevaron a cabo su obra es comparable».

Una vez realizado el análisis fractal de las obras, los autores evaluaron si las variaciones a lo largo de la carrera artística en los ‘fractales’ únicos cada pintor fueron consecuencia del envejecimiento o, por el contrario, de la evolución de una enfermedad neurodegenerativa.

Los resultados mostraron unos patrones de cambio muy nítidos en los patrones fractales de las obras en función de que su autor hubiera padecido o no una enfermedad neurodegenerativa. Un resultado que, quizás algún día, pueda ser aplicado para una detección precoz de estas patologías –o cuando menos, del alzhéimer o del párkinson.

Como concluye Alex Forsythe, «esperamos que nuestra innovación pueda abrir la puerta a nuevas vías de investigación que faciliten el diagnóstico de las enfermedades neurológicas en estadios tempranos».

Fuente: ABC